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¿Por qué La Zowi nos causa tanto rechazo como fascinación?

Mal que les pese a algunos, el trap es el género musical de moda en nuestro país y La Zowi uno de sus más exquisitos exponentes. ¿Qué dice su meteórico ascenso a la fama de nuestra sociedad?

Gerard Alonso Cassadó

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La Zowi en el videoclip de 'Obra de arte'.

La Zowi en el videoclip de 'Obra de arte'.

En 2009, el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona programó la exposición 'Quinquis de los 80. Cine, prensa y calle'. Sirvió para reivindicar sociológica y culturalmente un popular subgénero cinematográfico de la España de la Transición, las películas protagonizadas por delincuentes como El Vaquilla o El Torete, mitos del hampa de la España posfranquista reivindicados como héroes por las clases más desfavorecidas, cuya figura se retroalimentaba por la rumba flamenca y la prensa sensacionalista de la época. Que el mismísimo Carlos Saura dirigiese en 1981 'Deprisa, deprisa', su propia película quinqui protagonizada por actores no profesionales de Villaverde (Madrid) dice mucho de la relevancia que aquellas películas tuvieron en nuestro país. 

 

"Hacía tiempo que quería hacer un documental reconstruido sobre esa clase de juventud, estos delincuentes (gente tan normal como nosotros mismos), que son un problema que nos concierne a todos", explicó Saura al hablar de 'Deprisa, deprisa'. Hablaba de sus personajes como de un "problema" social, pero no pretendía erradicar nada, sino simplemente representarlo.

Más de tres décadas después, uno imagina cómo se hubiese multiplicado la fascinación alrededor de los quinquis en la España actual, harta de los delincuentes de traje y corbata que roban en esferas tan altas que no alcanzamos a verles. El Vaquilla era un ídolo porque robaba para sobrevivir, se burlaba del poder fugándose una y otra vez de la cárcel y, con todo, parecía un tipo más honrado que otros a los que se les presuponía la honestidad. La actual España, vapuleada por la crisis, harta de la corrupción, es ahora terreno fértil para que proliferen figuras que actualicen la figura del ídolo de la calle. Y ahí es donde el trap, como género musical (ramificación del hip-hop para unos, inframúsica para otros), puede cantar las verdades que todos conocemos y no queremos escuchar.

 

La Zowi tiene poco más de 2.000 seguidores en su canal oficial de YouTube. Sin embargo, los cuatro videoclips que ha publicado hasta la fecha superan las 1.150.000 reproducciones. No es fácil afiliarse a ella, como tampoco lo es no sentir una mezcla de repulsión y profunda fascinación cuando la vemos ligerísima de ropa cantando auténticas atrocidades sin ningún tipo de pudor. Se define como una Raxet, "una chavala de barrio que combina ropa del Bershka con imitaciones de marcas caras, y que, como se siente excluida del sistema, se preocupa más por tener las uñas bien hechas que por votar en las elecciones". Si es Nicky Minaj la que hace recuento de los narcotraficantes que se ha pasado por la piedra, la cosa tiene gracia porque la chica vive lejos y además no entendemos lo que dice. Pero La Zowi está aquí al lado, en algún lugar de esa España que desconocíamos pero que intuíamos en 'Mujeres y hombres y viceversa'. Si la cantante es fascinante es porque le quita el velo al programa de los tronistas y las pretendientas para mostrarnos sin medias tintas en qué se ha convertido parte de la juventud española. Si La Zowi nos deslumbra es porque es auténtica como una pieza de bisutería de plástico dorado.

 

La Zowi es, con permiso de Somadamantina, Chanel, Ms. Nina o Bad Gyal, la reina del trap en España. Como cantaba Carlos Ann, es "la mujer 10 que nunca presentaría a mis padres" o como ella misma recita, "una obra de arte que tiene todos los trucos para engatusarte". Un personaje incomodísimo para el nuevo feminismo tan en liza en la Red, porque es una mujer empoderada que se ha empoderado a lo bestia para elegir voluntariamente el mal camino, el de la delincuencia a baja escala, la drogadicción a baja escala y, a veces, la sumisión voluntaria al macho que tiene al lado. No le preguntes a La Zowi qué va a hacer con su popularidad para defender los derechos de la mujer. Te va a desmontar respondiéndote que es "más mala que una gata en celo" y autodefiniéndose con orgullo como "una puta" (con perdón).

 

La fotógrafa Adriana Roslin, que ha retratado a algunas de las femmale trap antes mencionadas, habla de La Zowi en una entrevista con Le Garage TV como "una mujer extremadamente respetuosa. Una madre responsable y con grandes aspiraciones". Y es que efectivamente alguien que se vanagloria en sus canciones de que todo lo que hace en la vida es "fumar porros en la playita" y "comer molly como pica pica" ha sido madre junto a su pareja, el miembro de PXXR GVNG, Yung Beef, otro delincuente musical.

Ambos retaban desde la portada de la revista de tendencias alemana 'Numéro Homme' a todos aquellos que se estaban echando las manos a la cabeza pensando qué será de ese niño. Y es que mientras muchos se ríen o se indignan con las letras de sus canciones o con el arrollador autotune que disimula que, en realidad, La Zowi no sabe cantar, la pareja es icono de modernidad en la escena underground europea. Yung Beef, por ejemplo, es imagen de Calvin Klein y ha desfilado en la semana de la moda masculina de París.

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¿Es de verdad? ¿Es realmente así? ¿Está tomándonos el pelo? ¿Por qué nos sorprende tanto? ¿Y por qué no podemos apartar la vista de ella? Puede que La Zowi sea simplemente una provocación. Puede que su burbuja estalle pronto o puede que ella y "su chulo" ya hayan ganado lo suficiente como para desaparecer del mapa. Puede que jamás le robara un céntimo a nadie, y que se respete a sí misma mucho más de lo que sus canciones nos dejan intuir. En todo caso, bienaventurada sea aquella que vino a molestarnos, porque suyo será el reino de los inconformistas.

Etiquetas: La Zowi y trap | Categoría: Música
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