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Esta Fórmula 1 bipolar es todo lo que nos queda

Este fin de semana volveremos a poner el despertador a horas intempestivas y todo porque un año más, 22 hombres están dispuestos a jugarse el tipo a más de 300 km/h para que el resto les critiquemos como si llevaran coches de juguete. Dos de ellos, serán de los nuestros y sólo otros dos aspiran a la victoria final.

Jose Carlos Luque

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Fernando Alonso y Carlos Sainz pasean por el paddock

Fernando Alonso y Carlos Sainz pasean por el paddock.

Atrás quedaron los tiempos del optimismo, de las ambiciones, de las mareas primero azules y luego rojas; de las largas y no siempre apasionantes conversaciones sobre deflectores, difusores, propulsores, unidades de potencia o enigmáticos sistemas como el DRS o el KERS que luego fue ERS. El 'Alonsismo' está en crisis y ya no lo oculta. No busca ni en los bailes de siglas más intrigantes ni en los partes meteorológicos más rocambolescos esa solución que iba a hacer la carrera distinta, que iba a acercar el rendimiento de todos los coches vamos, que le iba a poner en el podio a la carrera siguiente después de terminar vigésimo primero en la anterior.
Esa ilusión se ha esfumado y esta Fórmula 1 bipolar es lo que nos ha quedado a los aficionados a las carreras aunque no está todo perdido. Si la evolución del Mclaren-Honda no ha sido la que todos esperábamos, el Toro Rosso de Carlos Sainz ha causado sensación en la pretemporada. Puede que Fernando Alonso siga arrastrando su particular cruz este año, condenado a ver cómo Ferrari disputa el Mundial con Mercedes en un equipo en el que el entendimiento entre británicos y japoneses está brillando por su ausencia. A cambio, Sainz parece tener todo de cara esta temporada. Sí, vamos a pensar que los problemas mecánicos que se cebaron con él la campaña anterior le dejarán tranquilo, vamos a no olvidar que tendrá como 'compañero' de equipo al tan prometedor como irreverente Max Verstappen y tampoco obviemos que hay una auténtica ristra de coches con un rendimiento teórico muy similar al suyo. En pista tendrá que vérselas con los Williams, Red Bull, Force India y –Dios mediante– los McLaren, pero hemos visto al madrileño un punto más maduro y más consciente de donde está que el año pasado.

Hamilton y Rosberg en disputa

Pero si dos serán los pilotos españoles que van a tomar la salida en el circuito de Albert Park –Australia–, dos son también los que se disputarán el campeonato 2016. Nos referimos, por supuesto, al gran divo del paddock y –se me olvidaba– vigente campeón, Lewis Hamilton y a su compañero de equipo, un Nico Rosberg que misteriosamente acabó ganándole todas las carreras en la parte final del año, justo cuando el inglés ya era campeón. Pero si la perfección del Mercedes W07 impone hasta el punto de considerar a sus dos pilotos los máximos aspirantes a la victoria final, también es de ley destacar al Ferrari SF-16H como su gran contrincante. Sebastian Vettel ya demostró el año pasado que es capaz de penalizar el más mínimo descuido de sus adversarios adjudicándose victorias y esta vez estamos convencidos de que plantará cara de principio a fin a los dos Mercedes. Es el destacado primer piloto de la Scuderia por delante de Raikkonen y su coche ha mejorado notablemente tanto en su mecánica híbrida como en su chasis y aerodinámica.

Por tanto, tenemos por un lado a nuestros dos españoles, por el otro a dos compañeros dispuestos a jugarse el título y por último a dos monoplazas muy superiores al resto. Esta es la fotografía que dibuja la Fórmula 1 de 2016 y aunque puede no resultar tan atractiva como la de otras temporadas, de una cosa estamos convencidos: esta vez es una imagen real, no una falsa ilusión. Ahora, con al menos 20 carreras y 8 meses de competición por delante, cualquier parecido entre esta realidad y la del 25 de noviembre en Abu Dhabi, puede ser mera coincidencia.

Categoría: Deportes y Motor
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